miguel's profileEl nido del jilgueroBlogLists Tools Help

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    17/05/2007

    Sé que hay un lugar

    Sé que hay un lugar
    donde nunca llegará.
    Cojo su mano y nada más.
    Nunca podremos volar
    como aquel día.
    Nunca más...

    Ven conmigo
    a escuchar la caída del sol.
    Ven conmigo
    donde las amapolas sonríen al viento.

    Sé que hay un lugar
    al oeste de la verdad.
    Todos huimos a alguna parte,
    alguna vez...
    Las muchachas tiritan azules por el frío.
    Pero la realidad cabalga más rápido.
    Nunca más un paseo por la orilla del río.
    Las columnas caen a nuestro paso.

    Ven conmigo...
    Como aquel día...
    Cojo su mano,
    y nada más...

    Miguel Antúnez López
    17-5-07

    13/05/2007

    Los que agachan la cabeza

    Sobre el agua de lluvia

    rendida entre el barro

    se alinean las estrellas

    para insultar a los que agachan la cabeza.

    Miguel Antúnez López
    13-5-07

    10/05/2007

    Círculos que no llevan a ninguna parte

    Poco a poco se acerca el otoño,

    antes incluso de encenderse el verano.

    La luna se torna roja reidora de las desgracias futuras

    y las golondrinas escuchan a lo lejos el ruido nauseabundo de las máquinas que se acercan.

     

    Nada encuentro que perfile la misma sombra que ha de partir.

    El rumor del agua juega a ofrecer un frescor al que más tarde pondrá precio,

    el precio del deseo inalcanzable,

    del brillo lejano,

    del recuerdo doloroso de una sed que no se sacia.

     

    Los aromas del bosque terminan en un precipicio

    envuelto en soledades de cristal.

    Y solo escucho los agudos gritos de los vencejos

    que traen mensajes en círculos que no llevan a ninguna parte.

     

    Las nubes pasan raudas.

    El cielo azul se queda.


    Miguel Antúnez López
    10-5-07

    16/03/2007

    El encuentro

    Amelie iba paseando lentamente, con la mirada fija en el suelo, por el Parque de Miraflores. Escuchaba canciones que nunca antes le habían parecido tan tristes, cuando, de improviso, sentado sobre el proyecto invisible del Palacio del Sur, el principito, que miraba el espectáculo que se preparaba más allá de la Mezquita, le gritó desde lo alto:

    -¿Sabes?... Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol.

    Amelie se acercó, aún algo confusa, a la orilla del Río Grande, se sentó sobre el granito y observó... Amelie tiene de repente la extraña sensación de estar en total armonía consigo misma. En ese instante todo es perfecto: la suavidad de la luz, el ligero perfume del aire, el pausado rumor de la ciudad. Inspira profundamente y la vida ahora le parece tan sencilla y transparente que un arrebato de amor, parecido a un deseo de ayudar a toda la humanidad, la empapa de golpe.

    Miguel Antúnez López
    16-3-07

    07/03/2007

    La sonrisa

    Manolo cogió las llaves, alisó una arruga de la manta que cubría las piernas de Lola y se dispuso a salir de casa empujando la silla de ruedas en la que paseaba a su mujer desde hacía 24 años. La tarde era ventosa, aunque con un sol primaveral que ofrecía cierto calorcito muy acogedor.

    Llegaron al parque, y Manolo situó la silla de ruedas orientada hacia la puesta de sol, ese atardecer que veían casi todos los días, con la Mezquita como telón de fondo. Se sentó en el banco de al lado, cogió la bolsa verde y sacó de ella una cajita muy bien envuelta, adornada con un precioso lazo rojo. Lola miraba cómo el sol ofrecía junto a las nubes un grandioso espectáculo de colores. Azules, violetas, naranjas, rojos y amarillos acariciaban la silueta de la Mezquita cuando Manolo se acercó a Lola y, agachándose como sus viejas piernas le permitían, le dijo: - Cariño, ¿te acuerdas cuando vinimos juntos aquí por primera vez? Nuestro primer beso... Hace ya tanto... Cincuenta años. Cincuenta años juntos. Mi vida, te amo de igual forma que aquel primer día... Yo... Te he comprado una tontería. Mira, te lo abro.

    Abrió la caja y sacó un pañuelo que colocó alrededor del cuello de su mujer. - ¿Te gusta?- le preguntó sonriente Manolo. Lola no dijo nada. Como en los últimos 24 años. Ni siquiera apartó la mirada del sol que ya se escondía tras la ciudad. Pero justo antes de que Manolo tomara de nuevo los mandos de la silla para conducirla de vuelta a casa, mientras se dirigía a una papelera para tirar el envoltorio, Lola soltó una lágrima que llegó, deslizándose por su arrugada mejilla, hasta su boca, que esbozó a duras penas una sonrisa de inmensa gratitud. La primera en 24 años, aunque Manolo nunca la llegara a ver.

    Miguel Antúnez López
    7-3-07

    05/03/2007

    Buenos días

    Dedicado a todos aquellos vecinos para los que no existes un metro fuera del portal

    Mi vecino venía de comprar el periódico. Estaba buscando la llave en un llavero repleto. Yo bajaba las escaleras y lo veía a través de la puerta del portal, iluminado por los rayos del madrugador solecito primaveral. Abrí la puerta antes de que él encontrara la dichosa llave y, dispuesto a que mi saludo no volviera a irse a las nubes sin encontrar a su amable receptor, lo cogí de la pechera y le grité: "¡¡¡¡Buenos díaaaaaaaaassss!!!!".

    Miguel Antúnez López
    5-3-07
    27/02/2007

    Aunque no me crea

    Fue meterlo en la lavadora y despedirme de él sin saberlo. No imaginaba que ese viaje iba a ser tan extraño para los dos. Él creyó que lo abandonaba a su suerte de decoloración y yo no supe intuir el peligro. Cuando salió no lo reconocía. Ese rojo que tanto me gustaba había contaminado al resto haciendo del conjunto una auténtica mierda de gato. Mi madre había traído una sudadera muy bonita para sustituirlo. Pero no se trataba de eso. ¿No lo entendía? Era mi jersey. Y habíamos vivido juntos demasiado poco y demasiado mucho a la vez como para rendirme ahora. A las primeras de cambio. En cuanto surgía un contratiempo. Por muy jodido que fuese.

    Aún no hemos encontrado una solución. Pero no he dejado que mi madre lo tire a la basura. Es mi jersey. Y, esté como esté, para mí siempre me sentará bien. Porque fue un flechazo. Porque te quiero. Aunque no me oiga. Aunque no me crea.
    25/02/2007

    Soy defectuoso

    Los defectos de un hombre se adecuan siempre a su tipo de mente.
    Observa sus defectos y conocerás sus virtudes.
    Confucio

    Soy pesado.
    Soy agobiante.
    Soy cabezón.
    Soy cariñoso (demasiado).
    Soy quejica.
    Soy paranoico.
    Soy sensible (demasiado).
    Soy torpe.
    Soy perfeccionista.
    Soy callado.
    Soy desordenado.
    Soy vago.
    Soy egocéntrico.
    Soy pasional.
    Soy melancólico.
    Soy olvidadizo.

    Más que imperfecto,
    soy defectuoso.
    15/01/2007

    Que la música acaricie tus oídos

    Como hoy he aprobado Meteo y no quiero que la gente piense que deseo ningún mal a nadie me he atrevido a escribir (¡qué atrevimiento!) una versión especular del poema de Oliverio Girondo que colgué ayer.

    Que la música acaricie tus oídos,
    como el roce de unos labios,
    y el futuro te llene de sorpresas,
    de olor a café y de finales felices.

    Que te crezca, en cada uno de tus ojos,
    una orquídea;
    que solo te alimentes de sueños por estrenar
    y que al despertar,
    ninguna apisonadora te cuelgue de la realidad.

    Que al salir a la calle,
    hasta las estrellas se queden embobadas;
    que un deseo irrefrenable te obligue a sonreír
    ante la belleza y la vida
    y que todos los habitantes del mundo
    te confundan con un ángel.

    Que cuando quieras decir: "Mi amor",
    digas: "Mi amor";
    que tus manos acaricien todo el rato,
    y que en vez de fruncir el ceño,
    bruñas tu sexo hasta sacarle brillo.

    Que tu pareja confíe siempre en ti;
    que al acostarse a tu lado,
    le germine una sonrisa,
    y que después de tener un huevo,
    pongáis un hijo.

    Que tu familia se divierta hasta en los peores momentos,
    que los espejos, al mirarte,
    te digan lo que yo pienso;
    que tu único entretenimiento sea vivir
    sin salas de espera,
    sin disfraces ni caretas,
    y que te enamores, tan locamente,
    de una caja de música,
    que no puedas dejar, ni por un instante,
    de oír su melodía.

    Miguel Antúnez López
    15-1-07

    Y este... ¿a quién se lo dedicaríais?
    17/12/2006

    Como tachones

    Mi vida se disuelve en ácido sulfúrico
    y no encuentro la canción adecuada.
    Como tachones en un cuaderno
    relleno de recuerdos mágicos.
    Ni broches ni reproches.
    Sólo palabras perdidas
    que acarician mi impotencia
    en este otoño sin suelo mullido de hojas
    que amortigüen las caídas
    entre tantas canciones apropiadas.
    No dejes que el violín vuelva a tocar.
    No quiero volver a casa por Navidad.
    El Oráculo me dice
    que no podemos ver más allá
    de las elecciones que no entendemos.
    Entender. Compartir.
    ¿Dónde se ha ido el puto conejito blanco?
    No se puede responder a lo que no se comprende.
    No se puede comprender lo que no se escucha.
    ¿Dónde se esconderá el atracador del banco?

    Miguel Antúnez López
    17-12-06
    07/12/2006

    Cuando Bruce era camionero

    Siempre he considerado la amistad como un gran tesoro. He metido la pata muchas veces con mis amig@s. Desde aquí les pido perdón. Y desde aquí formulo (con tiempo) mi deseo para esta Navidad: Ojalá todos los que un día fueron amig@s puedan reencontrar esa mirada que echan de menos. Ojalá tod@s volváis a casa por Navidad.

    Cuando Bruce era camionero
    no recuerdo dónde estaban los ojos que ahora veo.
    Una vez creí encontrar la verdad
    pero sólo era un error de imprenta.
    Y la verdad es que
    la amistad es un tesoro difícil de conservar.
    Los enfermos buscan calor
    entre los brazos de las enfermeras.
    Los Reyes Magos piensan en
    regalar placas solares a los niños buenos.
    Abrazos gratis para desconocidos
    que no abrazan a sus amigos.
    Poco después la locura se sentaba delante de mi
    y el hijo del maquinista se sumió en el silencio.
    Y la verdad es que
    la amistad es un tesoro (difícil de conservar).
    Y la verdad es que
    el secreto está en perdonar.
    Pero sólo era un error de imprenta.

    Miguel Antúnez López
    6-12-06
    06/12/2006

    No prometas

    Los árboles se quedarán esperando,
    igual que aquellas legendarias ruinas.
    Puede que el cielo ya no luzca igual,
    que mi vida se afee si no la miras.
    Escucha a tu corazón.
    No puedo creer que grite tan fuerte.
    No prometas nada.
    No prometas nada que no puedas cumplir.
    Los posaderos desaparecen
    y yo apenas sé volar.
    Ruge la lluvia (tan fuerte)
    y no es de patas de ciervos.
    Cazatormentas arrojan sobre mi casa
    consecutivos ataques de llanto
    con forma de racimo para hacer más daño.
    No puedo creer que grite tan fuerte.
    No prometas nada.
    Árboles y ruinas crean edificios abstractos
    mientras mis pies se calan de un frío recuerdo.
    La luna ha perdido sus alas
    y pronto oscurecerá
    sin que el atardecer me haya dicho nada.
    No puedo creer.
    No puedo creer que prometas algo que no puedas cumplir.

    Miguel Antúnez López
    6-12-06
    12/11/2006

    La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos

    Podría escribir los versos más tristes esta noche...
    ...pero no tengo fuerzas.
    04/10/2006

    Atardecer en los Sotos

    Mientras se hacen cada vez más alargadas
    las sombras de los paseantes,
    las inmensas nubes de estorninos
    bajan a rendir pleitesía al Río Grande.
    El cielo toma tonos rojizos al despedirse tímido,
    como cada tarde,
    de la señora Mezquita.
    El sonido de las garcillas cabreadas por el tráfico de la ribera
    despierta a los primeros murciélagos de su letargo diurno.
    La luna creciente observa el espectáculo desde la otra orilla,
    preparada para entrar dentro de poco en escena.
    Y las hojas de los álamos blancos
    hacen manitas con la brisa encargada de darme aire ante tal belleza...
    ...que no abandona mi recuerdo.

    Miguel Antúnez López
    3-10-06

    14/08/2006

    Desabrocharé

    Llegará el momento en que desabrocharé tu locura y entonces, al fin, podré leerlos.

    14-8-06
    Miguel Antúnez López
    21/07/2006

    La huida

    Cuando comenzaron a sonar las campanadas (1), Cenicienta volvió a la realidad (2). Sintió una presionante ansiedad (3) y unas inevitables ganas de huir (4) antes de que fuera demasiado tarde (5). Miró el reloj (6) y lo miró a él (7). Le dijo que se tenía que ir (8) y salió corriendo (9). Él la siguió en cuanto dejó de estar petrificado (10). En las escaleras, y mientras corría, a Cenicienta se le salió un zapato, sí, de los de cristal (11), cuyo tacón fue a clavarse directamente en el corazón azul del hombre que nunca pudo decirle que estaba aún más preciosa sin maquillaje (12).

    Miguel Antúnez López
    20-7-06
    03/07/2006

    La estrella fugaz

    Hassam formuló su deseo al ver aquella estrella fugaz que se ocultó tras la nube. Siempre lo mantuvo en secreto para que algún día se cumpliera. Su madre también guardó siempre en secreto que aquella estrella fugaz bombardeó la capital de madrugada.

    Miguel Antúnez López
    29-6-06
    16/06/2006

    Un final perfecto para una agradable lectura

    El hombre que arrastraba los pies fue pasando de nuevo lentamente por delante suya, atrayendo por segunda vez su atención y haciéndole levantar la cabeza de la página 135 del tercer libro del año.
    Siempre le había gustado ir a la estación a leer. Encendía el MP3 y se sentía en una tranquila y agradable soledad allí sentado, rodeado de gente que emprendía viajes fascinantes o llegaban por fin a casa.
    Pero esta vez, al levantar la cabeza la vio a ella. Estaba allí, parada, mirándolo, y regalándole la sonrisa más bonita que había visto en su vida.
    Observó que se acercaba mientras él se quedaba con cara de bobo sorprendido. Miró a su alrededor. El inmigrante vietnamita seguía leyendo una revista acompañado de la mirada traviesa del viejete con sombrero sentado a su lado.
    La muchacha se sentó en el asiento de la derecha. Él la miró y escuchó su dulce voz:
    -Hola. ¿Me sonríes?
    Él, serio, sacó de su bolsa un pañuelo que le había regalado su madre la navidad pasada para que se lo pusiera cuando tuviera frío en la garganta, pensando especialmente en los aires acondicionados. Madre previsora.
    Le pasó el pañuelo por delante de los ojos, atándoselo en la nuca. La cogió de la mano y la llevó fuera de la estación. Ella se reía pero se dejaba llevar.
    Su destino no quedaba muy lejos de allí. En una avenida próxima entraron en un local. Olió su pelo mientras desenlazaba el nudo del pañuelo. Ante sus ojos descubiertos aparecieron la gran variedad de colores que adornaban todos los artículos para bebés que ofertaban en aquella tienda. Carritos, canastillas, sillitas, parques, barreras, peluches, patucos... la hicieron volverse emocionada hacia él para encontrarse con aquella sonrisa que ya nunca perdería.

    Miguel Antúnez López
    16-6-06
    11/06/2006

    Larvas de mosquito

    Ya se había acabado el tiempo de jugar a las peleas de hormigas desantenadas. Habían descubierto en aquel bidón el fascinante mundo de las larvas de mosquito. Pero para Laura aquello eran microbios. Microbios que se movían en el agua como si estuvieran sufriendo.
    Manolo siempre fue un listillo. Incluso, mucho más tarde, ya adulto, seguía ridiculizando los sentimientos de los demás, sin darse cuenta de que se ridiculizaba a sí mismo.
    -¡Pobres microbios! ¡Se están ahogando!-dijo Laura.
    -Ja, ja, ja. ¿Qué dices de microbios? ¡Son larvas de mosquito y viven ahí!-se burló Manolo-. Te perdonaré porque eres lenta.
    -¿Qué?-preguntó extrañada Laura.
    -Sí, mi madre me ha dicho que estás enfermita y que por eso eres lenta al pensar-afirmó Manolo como enorgulleciéndose de su madre.
    Manolo se fue a buscar a su abuelo, dejando a Laura sola mirando aquellas larvas. Veía su cara reflejada en el agua y pensaba. Aquella fue la primera vez que Laura lloró por sentirse diferente. Las larvas de mosquito siempre le recuerdan aquella tarde de verano.

    Miguel Antúnez López
    11-6-06

    Rojo, azul, verde, rosa y...rojo

    "Podía haber pisado un centímetro más a la derecha y me hubiese aplastado, pero no, y eso es porque me quiere, tiene que ser por eso", pensaba la pequeña hormiguita roja mientras hacía el último esfuerzo para llegar al colchón de sábanas azules.
    Ella estaba allí, acostada, y a la hormiguita le costaba no pararse dejándose llevar por esa boba sonrisa verde. Llevaba toda la tarde pensando y se había dado cuenta de que necesitaba decirle lo que sentía.
    Por fin estaba sobre su rosada orejita, era el momento más feliz de su corta vida, y también el de más nervios. Sus antenitas rozaron la piel de su humana preferida pronunciando un silencioso "te amo", y provocando la llegada por sorpresa de una mano que dejó una manchita de rojo amor en esa sorda orejita. En esa cama se siguió soñando dos años más con George Clooney.

    Miguel Antúnez López
    11-6-06