miguel's profileEl nido del jilgueroBlogLists Tools Help

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    19/01/2007

    El gigante de Garós

    En los Pirineos, dicen los más ancianos, que el Aneto era un gigante de nieve que enseñó a los pastores a hacer el queso. Ahora está convertido en montaña porque no quiso ayudar a Jesús, cuando éste, cansado y desfallecido, le pidió hospitalidad. Su penitencia fue el que pudiese recobrar la consciencia y su voz las noches de tempestad. Las gentes de los valles aseguran que las noches en que arrecia el viento se oyen sus quejas lamentándose por lo que hizo.

    Los hombres de elevadas estaturas en estos lugares, no son patrimonio del pasado. Hasta nuestros días nos llega la historia de un gigante de nombre Mandronius, conocido también como el gigante de Garós. Este gigante tenía su morada en el Valle de Arán (Pirineos), en una cueva próxima al pueblo de Betlan y se cuenta que llegó a hacerse famoso por la valerosa lucha de que hizo gala frente al ejército de ocupación romano. Su enorme estatura, cercana a los tres metros, hacía de éste un guerrero temido por los romanos. Éstos llegaron a tomar como rehenes a su mujer y a su hija, llevándoselas consigo a su campamento. Mandronius, comandando a los hombres del valle se dirigió al campamento romano asaltándolo para rescatar a su familia. Las mujeres fueron rescatadas, el campamento romano fue arrasado y los supervivientes hechos prisioneros. Con el fin de demostrar a Roma la intención de luchar contra cualquier invasor que osase adentrarse en aquellos valles mandó cortar una oreja a cada prisionero romano e hizo llevar el sangriento presente al César de Roma.

    Su dureza y violencia, así como su incorruptibilidad, parecía terrible a algunos vecinos, que en realidad, veían en él una amenaza para sus intereses. Por eso, se unieron para acabar con él. Después de una terrible lucha, fue vencido, y al verse atado y humillado, no pudiendo soportar el deshonor, ordenó a su fiel sirviente que lo matase, clavándole un clavo en la nuca. La calavera horadada se llegó a conservar durante mucho tiempo en la iglesia de Garós. Con el tiempo, el cráneo se convirtió en una verdadera reliquia y se creía que tenía el poder de curar y fortalecer a los niños. Pero la presencia de hombres de elevadas estaturas en estos valles no es patrimonio del pasado. En pleno siglo XX aún se pudieron escuchar narraciones y testimonios de gigantes en estos parajes.

    Fuentes:
    1
    2

    ...y por supuesto, gracias a la Brujita.

    04/01/2007

    La danza de las tijeras

    Es un baile masculino en el que dos bailarines, acompañados por sus respectivas orquestas de violín y arpa, danzan en turnos que forman parte de una competencia dancística. Cuando le toca el turno a un bailarín, éste no sólo repite los pasos de su competidor, sino también crea pasos y figuras más complicados que deben ser superados en el siguiente turno por el otro bailarín. Para complicar más la danza, los danzantes manipulan en una de sus manos dos piezas sueltas de tijeras mientras bailan. El choque interrumpido de las dos partes de las tijeras produce sonidos parecidos a los de una campana pequeña. Esta danza se ha ejecutado por cientos de años en los espacios rurales andinos de la región central del Perú. Alrededor de los años cincuenta, en un proceso sociocultural que ha sido denominado indigenización de la sociedad peruana, los migrantes andinos de los departamentos de Apurímac, Ayacucho, Huancavelica y parte de Arequipa introdujeron la danza a los espacios urbanos de la costa y especialmente a Lima. En un principio las presentaciones de los danzantes de tijeras estaban circunscritas a fiestas patronales y espectáculos de los migrantes andinos. Más adelante, la danza de las tijeras entró en un proceso de comercialización y se constituyó en un número imprescindible de espectáculos folclóricos diseñados para el consumo del público costeño urbano y de los turistas extranjeros. (Más)
    09/12/2006

    La leyenda de la Tragantía

    Cuando las huestes del arzobispo de Toledo atravesaron los puertos del Muradal con carros, cruces y caballos, el rey moro de Cazorla supo que iban a arrasar sus posesiones y que todo intento de resistir por las armas el ataque de los cristianos, resultaría inútil. Desde el alto mirador del castillo, el monarca musulmán miraba cómo sus gentes huían cargando en carros los enseres más valiosos. Bien preveía la suerte que aguardaba a su pequeño reino. Como dos años antes hicieran en Quesada, los cristianos entrarían a sangre y fuego y devastarían todo lo que no pudieran rapiñar. Talarían árboles y viñedos, incendiarían el pueblo, arrasarían los sembrados, cegarían los pozos y las acequias, y regresarían a sus tierras cargados con el botín y arrastrando cautivos.

    Por ello, el monarca había permitido el éxodo de sus súbditos hacia tierras más seguras, de las que podrían regresar cuando el peligro hubiese pasado. En poco tiempo el reino de Cazorla quedó despoblado. El último día, los hombres de la escolta real aguardaban impacientes en el patio del castillo la orden de partida. Temían que las avanzadas de los cristianos alcanzasen el valle antes de que ellos hubieran tenido tiempo de ponerse a salvo. El castillo se hallaba completamente vacío y, sin embargo, el Rey se demoraba dentro. Nadie sabía que el desdichado tenía un motivo para retrasar la salida: había decidido que su hija permaneciera allí dentro, oculta en unas secretas habitaciones, cuya existencia sólo él conocía. Aunque la dejaba bien provista de alimentos y lucernas de aceite, así como de todas las cosas necesarias para que no sintiera incomodidad alguna durante los pocos días que duraría su reclusión, el atribulado anciano no acababa de resignarse a partir.

    Cuando finalmente atravesó a galope tendido el puente de madera del castillo, seguido por media docena de sus fieles, no había en todo el valle una chimenea que humeara y la quietud era absoluta. Sus vasallos estaban a salvo. Él no. Un certero lanzazo lo alcanzó en el cuello, derribándolo al suelo. En ese mismo instante, del herbazal de la ribera surgió un grupo de ballesteros apuntando con sus armas al grupo fugitivo. Antes de expirar, el Rey quiso inútilmente decir algo. Era el día de San Juan.

    Contrariamente a lo previsto, los cristianos no devastaron el valle. Se establecieron en él y trajeron colonos de lejanas tierras, que le dieron nueva vida. En el silencioso y húmedo subterráneo del castillo, el silencio era casi perfecto. Sólo lo quebraba el apagado gotear de las abundantes filtraciones de agua. Envuelta en tinieblas, la princesa ignoraba la sucesión de días y noches. Estremeciéndose de angustia cada vez que creía escuchar algún ruido, vagaba de una estancia otra con una pequeña candela la mano. A la zozobra de los primeros días sucedió la resignación y, luego, cuando se hizo patente que el mundo se había olvidado de ella, la desesperación y el desvarío. Las provisiones se agotaron, la lumbre se extinguió. Llegó el invierno y el frío se hizo insoportable. Entonces la desgraciada muchacha se dispuso a morir bajo las mantas de su oscuro lecho. Lentamente cayó en un profundo y largo sueño.

    Cuando se despertó, afiebrada, sintió las piernas heladas y doloridas. Quiso frotarlas con las manos y se encontró con una piel áspera y escamosa, que le hizo estremecerse de asco. Con el tiempo dejó de sentir hambre y frío y una extraña resignación se apoderó de su espíritu. Dormía casi permanentemente, sin moverse del lecho. Y, poco a poco, sin terror ni angustia, aceptó el hecho de que sus extremidades inferiores adquirieran un aspecto serpentino... Hasta que comenzó a reptar a lo largo del tenebroso subterráneo y a anillarse, entre silbos, en los pilares que sostenían el techo. Así fue como la desdichada princesa andalusí se transformó en la Tragantía.

    En una torre del castillo de Cazorla hay una pesada losa con una argolla de hierro, que nadie se ha atrevido a levantar. Se dice que es la entrada al subterráneo donde el Rey ocultó a su hija, y se llega a él después de descender por una larguísima escalera angosta...

    La noche de San Juan y la Tragantía han estado siempre unidas, puesto que la aparición de ésta ocurría en esa noche. El terror se plasmaba en la llegada de la noche y la amenaza consiguiente como recitan los versos de la canción: Yo soy la tragantía - quien me vea - No verá la luz del día - Ni la noche de San Juan.

    La antítesis día-noche se convierte en una extensión polarizada vida-muerte, bien-mal. El maleficio a mediados del S.XX se rompía con la procesión mágica que encabezaba una calabaza con orificios y hendiduras de zagalillos que imitaban una calavera cubiertos con papel rojo y sobre un soporte de palo largo en el que se fijaba una vela. La intención está clara: la lucha contra las sombras nocturnas se plasma en la luminosidad del objeto. La luz de la vela es el amuleto que repele la profecía hasta llegar al siguiente día. Los jóvenes paseaban la víspera de la noche de San Juan este objeto por las calles del pueblo para repeler el mal de la mujer-serpiente.

    Actualmente, en la Noche de la Tragantía de Cazorla se mezclan durante un recorrido de entre cuatro y cinco horas música, danza, teatro, animación, gastronomía y disfrute de una noche de junio por parte de jóvenes y mayores en torno a esta leyenda.
    17/11/2006

    Un cuento chino

    Una montaña daba sombra a toda una aldea. Sus gentes estaban pálidas y la siembra era pobre. De pronto un día el más viejo de la aldea decidió cambiar de sitio la montaña y armado con una cuchara empezó a cavar.
    Las gentes del pueblo reclamaron al anciano por lo que estaba haciendo.
    -¡Esto es una locura! ¡¿Cómo piensas mover una montaña con una cuchara?!
    Y el viejo los miró para contestar:
    -Yo no puedo mover una montaña con esta cuchara... Pero alguien tiene que empezar...

    26/09/2006

    El Amarú

    Cuentan que hace muchísimos años, una terrible sequía se extendió por las tierras de los quechuas. Los líquenes y el musgo se redujeron a polvo, y pronto las plantas más grandes comenzaron a sufrir por la falta de agua. El cielo estaba completamente limpio, no pasaba ni la más mínima nubecita, así que la tierra recibía los rayos del sol sin el alivio de un parche de sombra. Las rocas comenzaban a agrietarse y el aire caliente levantaba remolinos de polvo aquí y allá. Si no llovía pronto, todas las plantas y animales morirían.

    En esa desolación, sólo resistía tenazmente la planta de qantu, que necesita muy poca agua para crecer y florecer en el desierto. Pero hasta ella comenzó a secarse. Y dicen que la planta, al sentir que su vida se evaporaba gota a gota, puso toda su energía en el último pimpollo que le quedaba.

    Durante la noche, se produjo en la flor una metamorfosis mágica. Con las primeras luces del amanecer, agobiante por la falta de rocío, el pimpollo se desprendió del tallo, y en lugar de caer al suelo reseco salió volando, convertido en colibrí. Zumbando se dirigió a la cordillera. Pasó sobre la laguna de Wacracocha mirando sediento la superficie de las aguas, pero no se detuvo a beber ni una gota. Siguió volando, cada vez más alto, cada vez más lejos, con sus alas diminutas. Su destino era la cumbre del monte donde vivía el dios Waitapallana.

    Waitapallana se encontraba contemplando el amanecer, cuando olió el perfume de la flor del qantu, su preferida, la que usaba para adornar sus trajes y sus fiestas. Pero no había ninguna planta a su alrededor. Sólo vio al pequeño y valiente colibrí, oliendo a qantu, que murió de agotamiento en sus manos luego de pedirle piedad para la tierra agotada.

    Waitapallana miró hacia abajo, y descubrió el daño que la sequía le estaba produciendo a la tierra de los quechuas. Dejó con ternura al colibrí sobre una piedra. Triste, no pudo evitar que dos enormes lágrimas de cristal de roca brotaran de sus ojos y cayeran rodando montaña abajo. Todo el mundo se sacudió mientras caían, desprendiendo grandes trozos de montaña. Las lágrimas de Waitapallana fueron a caer en el lago Wacracocha, despertando a la serpiente Amarú. Allí, en el fondo del lago, descansaba su cabeza, mientras que su cuerpo imposible se enroscaba en torno a la cordillera por kilómetros y kilómetros.

    Alas tenía, que podían hacer sombra sobre el mundo. Cola de pez tenía, y escamas de todos los colores. Cabeza llameante tenía, con unos ojos cristalinos y un hocico rojo. El Amarú salió de su sueño de siglos desperezándose, y el mundo se sacudió. Elevó la cabeza sobre las aguas espumosas de la laguna y extendió las alas, cubriendo de sombras la tierra castigada. El brillo de sus ojos fue mayor que el sol. Su aliento fue una espesa niebla que cubrió los cerros. De su cola de pez se desprendió un copioso granizo. Al sacudir las alas empapadas hizo llover durante días. Y del reflejo de sus escamas multicolores surgió, anunciando la calma, el arco iris.

    Luego volvió a enroscarse en los montes, hundió la luminosa cabeza en el lago, y volvió a dormirse. Pero la misión del colibrí había sido cumplida…

    Los quechuas, aliviados, veían reverdecer su imperio, alimentado por la lluvia, mientras descubrían nuevos cursos de agua, allí donde las sacudidas de Amarú hendieron la tierra.

    Y cuentan desde entonces, a quien quiera saber, que en las escamas del Amarú están escritas todas las cosas, todos los seres, sus vidas, sus realidades y sus sueños. Y nunca olvidan cómo una pequeña flor del desierto salvó al mundo de la sequía.

    Leyenda Quechua
    08/09/2006

    El Santuario de la Fuensanta

    Por: Enrique Casado Jiménez

    En la mediación del siglo XV vivía en el barrio de San Lorenzo, junto a la muralla, un pobre cardador de lana llamado Gonzalo García que tenía a su mujer paralítica y a su hija demente. Ambas enfermedades le ocasionaban unos gastos que él, con su pobre sueldo, no era capaz de atender dignamente lo que le provocaba un hondo abatimiento y una tristeza constante.

    Dicen que un día salió nuestro personaje por la puerta de Baeza y tomó el camino del puente de los Diablos. Suponemos que iría meditabundo y quizá distraído con la naturaleza exuberante que le rodeaba al estar dentro de la riquísima Vega de la Fuensanta. Mediado su paseo se le acercaron a Gonzalo tres personas: dos mujeres y un joven. La primera le dijo: -Gonzalo, toma un vaso de agua de aquella fuente, dalo a tu mujer e hija y tendrán salud. Por su parte, también habló el joven: -Haz, Gonzalo, lo que te manda la Madre de Jesucristo que mi hermana Victoria y yo, como patronos de esta ciudad lo hemos alcanzado de la Virgen Santísima.

    Desaparecieron los tres personajes sin dar lugar a los agradecimientos de Gonzalo que miró al lugar indicado y vio efectivamente cómo de una higuera salía una pequeña fuente cristalina pegadas ambas al perdón de la huerta más cercana.

    Corrió a una alfarería que había junto a la puerta de Baeza, compró un jarroncito, volvió al lugar, lo llenó, llegó corriendo a su domicilio dando de beber a su familia mientras contaba el hecho. Ambas mujeres dicen que quedaron inmediatamente sanas y la voz se corrió como el fuego primero por el barrio y luego por toda la ciudad. Dicen también que fueron abundantes las curaciones obtenidas mediante la fuente santa. Vaca de Alfaro dice haber visto un trozo del citado recipiente ciento cincuenta años después del suceso.

    La leyenda se serena durante unos veinte años. La fuente suponemos que sigue allí dando sus salutíferas y milagrosas aguas. Pero el lugar no es centro de ningún tipo de romería o culto. Esto es así hasta que un ermitaño de la Albaida bebe el agua, se cura y como respuesta a sus rezos tiene una visión nocturna el 8 de Septiembre en la cual se le revela que en triunfo de la higuera hay una imagen antiquísima de la Santísima Virgen y que allá es la causa de tantos milagros. Nuevo revuelo en toda la ciudad cuando de orden del Obispo Sancho de Rojas la higuera es partida y se confirma la visión que trae como consecuencia el levantamiento del templete en 1.420 y más tarde de todo el templo junto con el inicio del culto en el lugar.

    Cuando la leyenda se institucionaliza la noticia salta a la nación entera y la fecha da pie a celebraciones que acaban cuajando con la Velada que ha llegado hasta nosotros. Todo ello es sostenido, sin duda, por la fe de los cordobeses que bien se han ocupado de llenar el pórtico lateral de exvotos que lo ocuparon por completo hasta hace muy pocos años. Detrás de cada uno de ellos siempre hay un drama humano, religioso, familiar. Los había de todo tipo: cuadros en lienzo, en madera, en cartón, muletas, aparatos ortopédicos de todo tipo, zapatitos de latón, etc. Pero, sin duda, el más famoso, el que fue capaz de crear algunas leyendas y el único que ha sobrevivido a la purga es el caimán, que ha llegado a ponerse como símbolo de la ciudad.

    No es lugar éste para indicar la historia del animal sino la leyenda y a eso vamos.

    Cuentan que en fecha indeterminada hubo una abundante crecida en aquellos parajes y la abundancia de agua trajo ni más ni menos que un temible caimán que llegó a sembrar el pánico entre la población cordobesa y entre las cercanas huertas. El traicionero animal acechaba a sus desprevenidas víctimas, las destrozaba y luego desaparecía en lo más recóndito de los abundantes cañaverales cercanos. Cuando sentía hambre volvía a actuar y de esta forma tenía sobrecogida e impotente a la población hasta que un disminuido físico, un cojo, decidió acabar con el problema. Dicen que estudió el comportamiento del terrible animal, lo acechó y lo esperó encaramado en un árbol, con su muleta y un pan abogado. El pan despertó la glotonería del animal que inmediatamente abrió la boca para engullirlo momento que aprovechó nuestro héroe para apearse del árbol y clavar el filo de su muleta en la garganta del animal que disecó y colocó como exvoto.

    Otra forma de la leyenda habla de que el héroe no fue el cojo sino un condenado a muerte a quien se le ofreció el indulto si acababa con el terrible animal que tenía en jaque a la población.

    Multitud de leyendas se refieren a los milagros obrados en o por aquellas aguas. Así se habla de un infante que caído por descuido al milagroso pozo fue expulsado de él al subir el nivel de las aguas como por encantamiento. O de una anciana que fue arrojada al mismo por sus hijos con el deseo de heredar y que se presentó ilesa en su casa como si tal cosa.

    Cordobanostra

    16/08/2006

    El conejo de la Luna

    Quetzalcóatl, el dios grande y bueno, se fue a viajar una vez por el mundo en figura de hombre. Como había caminado todo un día, a la caída de la tarde se sintió fatigado y con hambre. Pero todavía siguió caminando, caminando, hasta que las estrellas comenzaron a brillar y la luna se asomó a la ventana de los cielos. Entonces se sentó a la orilla del camino, y estaba allí descansando, cuando vio a un conejito que había salido a cenar.

    -¿Qué estás comiendo?, - le preguntó.

    -Estoy comiendo zacate. ¿Quieres un poco?

    -Gracias, pero yo no como zacate.

    -¿Qué vas a hacer entonces?

    -Morirme tal vez de hambre y de sed.

    El conejito se acercó a Quetzalcóatl y le dijo;

    -Mira, yo no soy más que un conejito, pero si tienes hambre, cómeme, estoy aquí.

    Entonces el dios acarició al conejito y le dijo:

    -Tú no serás más que un conejito, pero todo el mundo, para siempre, se ha de acordar de ti.

    Y lo levantó alto, muy alto, hasta la luna, donde quedó estampada la figura del conejo. Después el dios lo bajó a la tierra y le dijo:

    -Ahí tienes tu retrato en luz, para todos los hombres y para todos los tiempos.

    Leyenda mexicana

    20/05/2006

    Torres del silencio

    En lo alto de la Colina Malabar (Malabar Hill), protegidas de las miradas indiscretas por altos muros y por el follaje de la vegetación, se encuentran las siete "torres del silencio" (dokhmas) parsis. La práctica funeraria de los fieles de esta religión consiste en colocar los cuerpos de sus difuntos sobre plataformas de forma cilíndrica a gran altura, para que los buitres despojen los huesos de la carne.

    Este rito funerario milenario, que se cree antecede a la propia fe parsi, de 2500 años de antigüedad, fue recomendado por el profeta Zaratustra como una manera de evitar la contaminación de los cuatro elementos sagrados: el aire, el agua, la tierra y, el más sagrado, el fuego.

    19/04/2006

    Tentirujo

    Duende malicioso de la mitología cántabra de orejas puntiagudas, manos largas y piel parduzca, de ropajes rojizos y boina en la cabeza. Se dedica a pervertir a las muchachas solitarias mediante caricias que realiza mientras se encuentra invisible con la ayuda de una planta joven de mandrágora que, siempre que realiza sus fechorías, lleva en la mano. Las muchachas que han pasado por esa singular experiencia cambian de conducta pasando de ser solitarias a volverse alegres, apasionadas e incluso descaradas.
    Se cree que el tentirujo puede tener cierta relación con la diablesa de la lujuria Masabakes y que es ella quien le indica el lugar donde debe actuar ayudándole a transportarse hasta allí.

    Así cuando una moza se vuelve descarada de la noche a la mañana se dice: "¡Esa ya tropezó con el Tentirujo!".

    19/03/2006

    Holi

    Holi es el festival del color de la religión hindú. Es un festival de alegría y amistad a través del color que lo inunda todo. El mensaje de este festival es que debemos olvidar todos nuestros problemas con todas las personas y debemos dar la bienvenida incluso a nuestros enemigos. Es el festival del final del invierno y se da paso a la siguiente estación. A nivel religioso es la victoria de Krishna sobre Holika la destructora.

    En el festival de Holi la gente tiñe todos sus vestidos, cara y cabello con agua coloreada, todo el mundo se mezcla y se embadurna de color, todo el mundo tiene la misma apariencia, es la ocasión para dejar atrás todas las rencillas. En las calles de todas las ciudades el festival es impresionante, no solo es el color sino el fuego que sirve para purificarlo todo. La gente saca todo aquello que ya no sirve en casa y se hacen hogueras en las calles. Es uno de los festivales mas impactantes de India. La fiesta es también la celebración de la estación del amor.

    Marca, además de la entrada del buen tiempo, el inicio de un sinfín de festivales en toda India. Comienza el tiempo de la cosecha, de la venta, de celebrar el fin del invierno. Desde Holi hasta Diwali los festivales se suceden. Se celebra en marzo, el día después de una luna llena.
    13/03/2006

    Gara y Jonay

    En la Gomera todo estaba dispuesto para celebrar las fiestas del Beñesmén. Era costumbre por aquel entonces que las doncellas gomeras se acercaran a los Chorros del Epina, siete fuentes con siete caños uno al lado del otro que ofrecían augurio sobre la posibilidad de encontrar pareja. Las doncellas juntaban el agua de los chorros y se miraban en ella al despuntar el día. Si la imagen era clara, encontrarían pareja, si era turbia, tendrían alguna desgracia.

    Gara, princesa de Agulo, acudió con las demás doncellas a la fuente y cumplió con el rito, y vió su imagen clara reflejada en el agua, pero al quedarse demasiado tiempo contemplándose, el sol acabó por reflejarse en el agua y la cegó. Preguntado el augur Gerián por el significado del hecho, éste respondió a la princesa que huyera del fuego, o se vería consumida por él.

    Como cada año, los nobles tinerfeños eran invitados a participar en las fiestas. En esta ocasión acompañaba al Mencey de Adeje su hijo Jonay, que al participar en las competiciones atrajo la atención de Gara. Pronto se llamaron mutuamente la atención y cayeron enamorados, siendo anunciado su compromiso. Tan pronto como esto se hizo público, el Teide comenzó a echar humo y lava, perfectamente visible desde La Gomera. El padre de Gara contó el augurio al padre de Jonay, y rápidamente se deshizo el enlace. La delegación tinerfeña regresó y el Teide cesó de bramar.

    Pero los enamorados no estaban dispuestos a respetar los designios de los dioses. Jonay, una noche tranquila con luna, se echó al agua y cruzó nadando el estrecho que separaba su isla de la de su amada. Se volvieron a encontrar y se escaparon al centro de la Gomera, la zona más alta, desde donde pudieron contemplar al Teide desaprobando su unión. Enterados de la fuga, los padres de ella ordenaron su persecución, y los amantes fueron acorralados en la cima de un monte. Para no ser vueltos a separar y como se suele hacer en estos casos, los amantes se quitaron la vida, atravesándose el pecho con una vara de cedro en un abrazo mortal.

    Gara, princesa del agua, y Jonay, príncipe del fuego, dan hoy nombre a la cumbre más alta de la Gomera y al Parque Nacional del Garajonay.


    Fuente

    19/02/2006

    La princesa Kaguya (Kaguya Hime)

    Kaguya (かぐや o también 輝夜, Luz Brillante) o Kaguya Hime (輝夜姫, Princesa Luz Brillante) es el nombre de una princesa del folclor japonés que provenía de la luna y nació dentro de un tronco de bambú para satisfacer la necesidad filial de una pareja de ancianos que ya no podían tener hijos.

    Había una vez una pareja de ancianos que no tenía hijos. Un día el señor encontró en la montaña un bambú que brillaba. Le dio tanta curiosidad que lo cortó, y una niñita salió de él. El anciano tomó a la niña, la llamó Kaguya y la llevó con su esposa. La niña creció muy rápido y en pocos meses se transformó en una bella muchacha. Era tan hermosa que varios príncipes se vieron atraídos y le proponían matrimonio, incluso el emperador lo hizo. Ella le pedía a cada candidato que le trajera cosas imposibles, así que fallaron y nadie pudo casarse con ella.

    Pasaron los años. Y el anciano notó que la chica se ponía triste cada vez que veía a la luna. Él le preguntó qué le pasaba. Al principio, ella no quiso contestar pero por fin dijo:

    -"Soy princesa de un reino en la luna, y mi gente vendrá a por mí la próxima noche de luna llena".

    Él se quedó muy sorprendido, y decidió protegerla de esa gente. Al enterarse el emperador mandó un ejército para protegerla pero todo fue en vano. Cuando llegó la noche de luna llena, un carruaje descendió sobre la casa desde la luna. El ejército intentó derribarlo sin conseguirlo, ya que los soldados quedaron inmovilizados por una extraña fuerza. La gente de la luna ordenó entonces a la princesa que subiera al carruaje y volviera a la luna. Ella lloró, y tras agradecer al anciano y su mujer su cariño, se despidió y regresó a la luna.

    22/11/2005

    Los amantes de Teruel

    Cuenta la tradición que a principios del siglo XIII vivían en Teruel los jóvenes Juan de Marcilla e Isabel de Segura, descendientes de familias muy importantes.
    La vecindad de ambas casas y el trato constante desde la infancia , se convirtieron con el tiempo en un profundo amor mutuo; entonces Juan solicitó a D. Pedro Segura, padre de Isabel, la mano de su hija. Este, aunque estimaba la nobleza y las dotes del pretendiente, rehusó aceptar excusando su escasez de fortuna por tener hermano mayor que heredaría a su padre, en tanto él podía dotar a su hija con generosidad.
    Informado Juan de esta dificultad, resolvió pedir a su amada un plazo de espera para lograr la hacienda necesaria al deseo de su padre; Isabel le concedió cinco años y él partió a la guerra.
    Durante su ausencia, don Pedro intentó con ahínco que Isabel aceptara a otros pretendientes; pero ella, fiel a la promesa , no admitío a ninguno. Llegado el fin del plazo y como Marcilla no regresaba, don Pedro apremió a su hija para que se casara y ésta, viendo que el plazo de los cinco años había pasado sin saber nada de su amante, aceptó.
    Enseguida su padre concertó la boda con un vecino de Teruel cuyo nombre desconocemos y entonces regresó Juan cargado de honores y riquezas, cuando su Isabel ya había desposado a otro hombre ante Dios y los hombres.
    El amante, desesperado, se reunió con su amada para despedirse de ella, rogándole que, en prenda de su imposible amor, le diera un beso con lo cual se consideraría satisfecho. Esta, invocando su honestidad negó y entonces, luego de intentarlo de nuevo, Juan cayó muerto a sus pies.
    Enterado el marido de cuanto acababa de ocurrir, decidió llevar el cuerpo del amante a la puerta de su casa, donde al amanecer lo descubrió su padre, don Martín de Marcilla, quien luego del natural sobresalto, tránsido de dolor, dispuso el entierro de su hijo en la iglesia de San Pedro.
    Durante la celebración litúrgica, todos los asistentes vieron acercarse al cuerpo inanimado a una dama encubierta que llegando hasta él, descubrió su cara y lo besó, quedando allí reclinada hasta que en el momento de iniciarse el entierro fueron a apartarla y vieron que era Isabel de Segura, quien no obedecía a los ruegos para que se retirase porque estaba muerta.
    Ante el asombro de los presentes, y después de que el novel marido relatara lo ocurrido, se decidió enterrar juntos a los dos amantes que tan desdichados habían sido en vida.
    Sucedió este infausto acontecimiento en 1217, siendo juez en Teruel don Domingo Celadas.

    31/10/2005

    Bon Odori

    El Bon Odori (盆踊り) es un festival de danza tradicional japonés. Se celebra en Japón cada verano (entre julio y agosto) y es organizado localmente por cada ciudad.
    Bon es una temporada festiva durante la cual se da la bienvenida a las almas de los ancestros. Es una tradición budista, originaria de China.
    Durante el Bon Odori la gente se reúne en lugares abiertos alrededor de una torre con tambores taiko (tambor japonés) y baila al compás de la música tradicional. La música debe ser alegre para dar la bienvenida a las almas de los ancestros y la gente debe mantener un humor también alegre. El Bon Odori debe ser celebrado durante la noche debido a que se cree que las almas de los ancestros regresan durante estas horas.

    26/10/2005

    La parábola del matrimonio

    Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.
    - Nos amamos - empezó el joven.
    - Y nos vamos a casar - dijo ella.
    - Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.
    - Por favor - repitieron - ¿hay algo que podamos hacer?

    El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.
    - Hay algo...- dijo el viejo después de una larga pausa -. Pero no sé...es una tarea muy difícil y sacrificada.
    - No importa - dijeron los dos-. Lo que sea - ratificó Toro Bravo.
    - Bien -dijo el brujo-. Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?
    La joven asintió en silencio.
    - Y tú, Toro Bravo - siguió el brujo - deberás escalar la Montaña del Trueno; cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mi, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta...¡salgan ahora!.

    Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur.... El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.
    El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.

    - ¿Volaban alto?- preguntó el brujo.
    - Sí, sin duda. Como lo pediste... ¿y ahora? - preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?
    - No - dijo el viejo-.
    - Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne - propuso la joven-.
    - No - repitió el viejo-. Harán lo que les digo: Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero... Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

    El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.
    Este es el conjuro...
    -Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos pero jamás atados.
    31/08/2005

    Esenios

    "Los esenios habitan en la costa occidental del Mar Muerto. Son gente solitaria y muy superior al resto de la humanidad. Carecen de dinero y las palmeras son su única compañía. Se renuevan de continuo merced a la incesante corriente de refugiados que acuden a ellos en gran número, hombres hastiados de la existencia a quienes las vicisitudes de la fortuna impulsaron a adoptar tal género de vida. Así un pueblo se ha perpetuado, por increíble que parezca, en un lugar donde nadie ha nacido. Muy útil para acrecentar su número es el disgusto de otros hombres por la vida". (Plinio)
    "Hay 4.000 esenios residiendo en muchas poblaciones de Judea. Evitan las ciudades y prefieren vivir en los pueblos. Tienen todos sus bienes en común y un administrador hace las compras y maneja el dinero. Cultivan la tierra y se dedican a oficios pacíficos, son granjeros, pastores, vaquerizos, agricultores, artesanos y artífices. No deben fabricar instrumentos de guerra ni ocuparse del comercio. Entre ellos no hay esclavos ni señores por estar convencidos que la fraternidad humana es la relación natural de los hombres. Poseen el don de la predicción del futuro, son extremadamente limpios y visten siempre de blanco. No dan importancia al tiempo ni lo usan como excusa para no trabajar. Vuelven gozosos de sus tareas, como quien regresa de un concurso atlético. Los esenios se han reunido a causa de su celo por la virtud y la pasión de su amor a la humanidad". (Filón)
    "Constituyen de hecho una hermandad que tiene algo de común con los pitagóricos. Identifican el placer con el vicio, se ejercitan en la temperancia y la autodisciplina. Los esenios renuncian también a la riqueza, comen solo los alimentos necesarios. Usan las ropas y el calzado sin lujos. La mayor parte de ellos viven más de 100 años y leen los escritos de los antiguos. Su silencio da la impresión de un tremendo misterio. Sostienen que el cuerpo es cosa corruptible pero el alma es imperecedera. El espíritu emana del más puro éter, un hechizo natural lo arrastra hacia abajo y queda atrapado en la prisión del cuerpo; pero, una vez puesto en libertad por la muerte, se alegra y es llevado a lo alto. Triunfan sobre el dolor gracias a una voluntad resuelta. La guerra con los romanos probó sus almas de cuantas maneras era posible: Estirados en el potro, retorcidos, destrozados, quemados, sometidos a todos los instrumentos de tortura para blasfemar de su Legislador o comer alimentos prohibidos, no consienten en tales demandas y ni una sola vez adularon a sus perseguidores ni derramaron lágrimas. Sonriendo en la agonía y perdonando a los torturadores, exhalaron el alma con júbilo, pues confían que la recibirán nuevamente. Cualquier palabra de ellos tiene más fuerza que un juramento no causan daño a nadie ni por propia determinación ni bajo órdenes; en el caso de obtener autoridad jamás abusará de ella; será un amante de la verdad; mantendrá sus manos alejadas del robo y su alma pura de toda ganancia pecaminosa; no ocultará nada a los miembros de la comunidad y tampoco descubrirá ninguno de sus secretos a los extraños, aun cuando sea torturado hasta la muerte; transmitirá las reglas tal como las recibió y preservará con cuidado los libros grupales". (Josefo)